Mujeres con mando en la moda

La estilista más conocida de la historia acostumbra a pasar inadvertida para el enorme público. Se llamaba Rose Bertin, era sombrerera y marchante de tendencia, y creó una imagen propia para María Antonieta, esposa de Luis XVI. Bertin triunfó en el Viejo Régimen, un poco antes de la Revolución Francesa (mil setecientos ochenta y nueve), ¿qué hace entonces uno de sus arreglos, en forma de delantal joya sobre un modelo de gala, al lado de un vídeo de Oprah Winfrey, la comunicadora estadounidense, en Hollywood? Las dos representan a las Mujeres Fuertes de la Moda, reunidas en una muestra por el Gemeentemuseum, de La Haya, dedicada a las diseñadoras que ha conseguido convertir sus creaciones en una marca de prestigio.

Ciertas eran compatriotas de Coco Chanel, la legendaria autora gala, creadora de chombas lisas y chombas con logo. Como Jeanne Lanvin (mil ochocientos sesenta y siete-mil novecientos cuarenta y seis), que se hizo conocida con la ropa infantil y logró el azul Lanvin, su color de cabecera, aplicado entonces a sus vestidos para salir de noche. O bien Madeleine Vionnet (mil ochocientos setenta y seis-mil novecientos setenta y cinco), inventora del corte de lona al bies, en diagonal en vez de recto, para conseguir una caída que siente bien a todos y cada uno de los cuerpos. Menos conocidas quizás que Chanel, llaman la atención desde un escaparate lumínico instalado en el museo holandés al lado de una escena chocante: una guillotina rodeada de maniquíes (ciertos sin cabeza) con vestidos el siglo XVIII.Chiara Ferragni atiende al desfile de Christian Dior, en la semana de la moda en París 2018.

“La historia de la moda está ligada a la diferencia de género. Hasta la Revolución Francesa, las costureras no podían recortar vestidos, un trabajo para los sastres varones. Ellas solo los amoldaban al cuerpo y los cosían, conforme las reglas de los gremios de la temporada. En mil seiscientos setenta y cinco, las mujeres organizan uno propio con modelos nuevos, libres de ataduras administrativas. Para mil setecientos ochenta y uno, ya habían logrado los derechos de los vestidos femeninos en la ciudad de París. Pasada la Revolución, los gremios fueron derogados y el mercado se liberó”, afirma Madelief Hohé, comisaria de la exposición, que incluye ciento treinta y tres piezas y va a estar abierta hasta el veinticuatro de marzo.

Hohé señala que los diseños del XVIII conseguían una silueta incómoda vista el día de hoy, con caderas exageradas y grandes faldas, mas le daban visibilidad a la mujer en un ambiente masculino. “Creo que los vestidos deben tener una clave arquitectónica y estar al servicio del cuerpo, tal y como si fuera un edificio”, afirmó Elsa Schiaparelli (mil ochocientos noventa-mil novecientos setenta y tres), profesora de las hombreras anchas, que trabajaba con artistas y patentó un bañador con sostén interno incorporado. “Hacer un vestido que parezca fácil es lo más bastante difícil del planeta. De ahí que el de boda de Meghan Markle, actual duquesa de Sussex, creado por Clare Waight Keller, directiva creativa de Givenchy, tuvo tanto éxito”, afirma César Rodríguez Salinas, especialista en la restauración de vestidos históricos del Gemeentemuseum. “Y de ahí que Balenciaga es considerado el profesor por todo el campo. Sabía coser y recortar y conocía las posibilidades de las lonas. Lograba volúmenes imposibles”, agrega, en frente de un modelo de plástico de la holandesa Iris van Herpen, uno de los distintivos de la exposición.

La parte histórica prepara apenas para lo que podría llamarse la segunda revolución de la moda con firma femenina. No es solo que Maria Grazia Chiuri esté al frente desde dos mil dieciseis de Dior, la primera mujer en sus setenta años de historia. En otra de las salas, sobre unas gradas vestidas de colores, asoman Zandra Rhodes, “la reina de los vestidos de fiesta”; Katharine Hamnett, vanguardista de las camisetas con lemas como “Actúa a escala local, piensa de forma global”; Agnès B. con sus múltiples alteraciones de los pantalones con peto; Sonia Rykiel, con sus vestidos cómodos y pegados al cuerpo, entre otras muchas. Las camisetas de Chiuri con lemas jamás vistos en la pasarela como “Todos debemos ser feministas”, tuvieron un precedente en la llevada por Hamnett en mil novecientos ochenta y cinco, en un encuentro con la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher. Se oponía a la instalación de misiles estadounidenses en el R. Unido, una forma de compromiso social, alén del punk, plasmado por su colega, Vivienne Westwood, en sus proyectos de Moda Moral que crean empleo en África. Femmes Fatales, es el título genérico de la muestra, mas al final de recorrido queda la fuerza.

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