EL PAGO DE MÁS PARA RECIBIR MENOS

Bien sea en el contexto nacional o bien en el globalizado, el conocimiento en materia de seguros está prácticamente reservado a los letrados en el tema, que la mayoría de las veces hacen una parte del conjunto de compañías de seguros, mediadores de seguros, o bien entidades que disfrutan de contacto directo con este extenso universo; de modo puesto que que dicho saber se encuentra concentrado y prácticamente monopolizado en personas que hacen parte del sector asegurativo en su día a día. No obstante lo anterior, dado que la relación aseguraticia permea de forma transversal casi todos los acontecimientos del humano, desde su propia vida, hasta sus negocios y propiedades; sus peculiaridades revisten singular relevancia en múltiples aspectos de la cotidianeidad.
Siendo ello de este modo, no puede perderse de vista la necesidad latente de consultoría en el momento de tomar una póliza de cualquier naturaleza, disminuyendo aunque sea mínimamente la falta de conocimiento en aspectos básicos del vínculo contractual, y limitando de esta forma la brecha informativa que per sé existe entre asegurador y asegurado. Es por ello que durante los años han surgido diferentes individuos cuya labor principal es brindar ese acompañamiento en todo el proceso pre, contra y artículo contractual respecto de esta especial convención, siendo los más frecuentes los aconsejes y corredores de seguros, encargados precisamente de asesorar a los potenciales clientes del servicio en lo relacionado con los aspectos técnicos y jurídicos del seguro, conforme con sus necesidades.
Ahora bien, a pesar de que dicho acompañamiento no suprime completamente el desequilibrio informativo que en la mayoría de casos se presenta entre las unas partes del vínculo asegurativo por el mero hecho de que el giro ordinario de los negocios de uno de los extremos establecidos es el seguro, mientras que el del otro suele ser uno completamente diferente; lo cierto es que sí lo reduce de forma considerable, y puede colaborar impidiendo eventuales abusos de la parte en general dominante; no obstante comoquiera que todavía no existe suficiente cultura en torno a estos puntos, y por tanto no todos y cada uno de los clientes del servicio potenciales cuentan con un consultor en la materia, existen múltiples casos en los que el contrato festejado no consigue satisfacer las necesidades reales de tomador y/o asegurado, o bien acaban pactándose condiciones que si bien a primer aspecto parecen beneficiosas, en realidad son absolutamente inconvenientes y desfavorables para la parte “débil” del vínculo; las cláusulas llamadas “sunset” son un claro ejemplo de esta situación.
En la actualidad no es extraño hallar que el contrato de seguro opere de distintas formas, según la temporalidad de los riesgos asumidos, el ramo de que se trate y las necesidades de los clientes, entre otros muchos, con lo que es de suma importancia conocer la modalidad escogida, a efectos de eludir inconvenientes de cobertura al instante de la ocurrencia del siniestro. Muy puntualmente, la temporalidad de los amparos es un tema que toca de forma directa con la vigencia del contrato de seguro y aquello que se comprende como realización del riesgo, cuestiones tan elementales que deben gozar de meridiana claridad desde la etapa pre establecido. En Colombia en torno a la delimitación temporal de la cobertura, se han desarrollado varias modalidades, de las cuales nos referiremos a las dos más comunes: Ocurrencia y reclamación, las que han sufrido transformaciones por medio de las diferentes temporadas y han llegado incluso a conjuntarse para dar vida a una amplia gama de posibilidades.
La modalidad de ocurrencia o “per occurrence” es aquella que demanda que el peligro asegurado suceda o se materialice a lo largo del período de vigencia del contrato de seguro, siendo la mayor parte de las pólizas expedidas de esta manera; verbigracia las que amparan los daños de una casa, un automóvil, los seguros de vida y también incapacidad, etcétera Al contrario, los seguros emitidos bajo la modalidad de reclamación o “claims made”, condicionan la cobertura a que el asegurado conozca, en el término del seguro, de la existencia del reclamo en su contra, de forma que si dicha reclamación fue conocida antes de la asunción de los peligros, o bien finalizada la vigencia del contrato, no hay lugar a amparo alguno; este modelo de aseguramiento es común cuando el riesgo asumido es el de responsabilidad civil, siendo los adjudicatarios, que por antonomasia son personas extrañas totalmente a la relación negocial, quienes tienen la virtualidad de ejecutar reclamos y solicitudes indemnizatorias al asegurado; de ahí que doctrinariamente no solo en Colombia, sino más bien en el derecho equiparado, exista la discusión en torno a si en este modelo asegurativo el siniestro lo constituye el hecho dañino en sí mismo, o bien la reclamación elevada por el damnificado; en tanto en principio la reclamación se constituye en un hecho que depende de la voluntad del tercero adjudicatario (potestativo) y por ende, por definición, no podría ser un riesgo amparable; cuestión que en cualquier caso va a ser materia de otro análisis.
Ahora bien, la base de cobertura claims made, se basa en el artículo cuatro de la Ley trescientos ochenta y nueve de mil novecientos noventa y siete que dispone: “En el seguro de manejo y peligros financieros y en el de responsabilidad la cobertura va a poder circunscribirse al descubrimiento de pérdidas durante la vigencia, en el primero, y a las reclamaciones formuladas por el damnificado al asegurado o bien a la compañía a lo largo de la vigencia, en el segundo, de esta forma se trate de hechos ocurridos de antemano a su iniciación.
Así mismo, se podrá acotar como cubiertos los hechos que acaezcan durante la vigencia del seguro de responsabilidad siempre que la reclamación del dañado al asegurado o bien al asegurador se efectúe dentro del término estipulado en el contrato, el que no será inferior a un par de años.”. Norma que tal vez por su vaguedad ha dado sitio no solo a la discusión señalada en líneas anteriores, sino más bien también a juicio de la suscrita abogada, a una aplicación errónea y en desmedro de los intereses de los asegurados, del inciso segundo, que basa las llamadas cláusulas sunset en algunas pólizas que cubren el peligro de responsabilidad civil.
Merece la pena apuntar que el anglicismo que se ha usado para referirse a esta modalidad, intermedia si se quiere, procede de su traducción como atardecer o puesta del sol, para hacer alusión a ese periodo “extendido” para reclamaciones de que trata la norma, y que según se lee, no va a poder ser inferior a dos años. En consecuencia, con base en el artículo transcrito, se han expedido variedad de contratos de seguro bajo la modalidad sunset, los cuales se comercializan como un “plus” para el asegurado, quien con el pago de una prima auxiliar, puede acceder a ese término “extendido” para reclamos, ampliando aparentemente de esa forma la cobertura de la que disfruta.
Sin embargo, al realizar un análisis consciente tanto de la norma como de su aplicabilidad práctica, y de su relación con los términos de prescripción en el seguro de responsabilidad civil, se puede llegar a la conclusión de que contrario a lo que se le notifica a los clientes del servicio potenciales sobre la modalidad sunset, exactamente la misma no reporta ningún beneficio, sino al contrario, genera un cobro adicional por limitar la cobertura ofrecida; veamos:
Según lo consignado en el inciso 2 del artículo arriba reproducido, a la típica modalidad de ocurrencia en las pólizas de responsabilidad civil, se le puede añadir una condición de cobertura, esto es, que el siniestro o peligro amparado no solamente se materialice dentro del período de vigencia del contrato de seguro, sino más bien asimismo que el tercero afectado formule su petición de reparación dentro del término que se estipule en el pacto, por modo pues que en apariencia, ese lapso para que el damnificado presente la reclamación, es un tiempo extendido que de alguna manera amplía la cobertura de la póliza por no menos de dos años, cuestión que tiene un cobro adicional a la prima ordinaria del seguro; sin embargo, de la básica explicación anterior surge una primera pregunta: Si a la modalidad de ocurrencia simple no se le adiciona la cláusula sunset o bien lo que es exactamente lo mismo, si no se contrata el período extendido para reclamaciones ¿hay alguna otra condición de temporalidad para la existencia de cobertura además de que el siniestro ocurra durante la vigencia del contrato? La respuesta es NO, en el modelo asegurativo “per occurrence” en lo relativo con la limitación temporal de los amparos, basta con que los riesgos asegurados se presenten o materialicen durante el período de vigencia de la póliza a fin de que en principio exista cobertura, lo que comienza a desdibujar la existencia de un “plus” para los asegurados con la cláusula sunset.
Mas adicional a lo anterior, es necesario evidenciar que no solo no existe ningún beneficio añadido, pues lo que en realidad hacen las condiciones sunset es incrementar un requisito de cobertura en lugar de quitarlo, sino el mencionado acuerdo es incluso más restrictivo que la figura de la prescripción, regulada de forma general en el artículo mil ochenta y uno del Código de Comercio, y de manera concreta para el seguro de responsabilidad civil, por el artículo mil ciento treinta y uno de la misma colección. El artículo mil ochenta y uno consagra los términos de prescripción de manera genérica, señalando que son de 2 o cinco años según se trate de la ordinaria o bien la extraordinaria, en dependencia de contra quién se encuentren corriendo, teniendo claro que para el asegurado por haber sido parte en la convención asegurativa siempre va a correr el de un par de años, mientras que a los terceros, por ser extraños a la relación establecido, se ha dicho jurisprudencialmente que les aplica la excepcional en lo que toca con la vía directa frente al asegurador, puesto que respecto de las acciones contra el directo responsable, correrán los términos prescriptivos de la normatividad civil o los que consagren disposiciones especiales.